Salmerón es condenada a prisión por no entregar a sus hijos a su exmaltratador

María Salmerón lleva cerca de 20 años luchando contra el sistema judicial español para que se reconozca que un maltratador en ningún caso puede ser un buen padre. Salmerón ha sido indultada en tres ocasiones por distintos Gobiernos, tras ser condenada por no llevar a su hija, de ahora 20 años, al punto de encuentro para que pasara un tiempo con su padre, tal y como estipulaba la justicia.

​Ahora, la jueza Eva María Medina del juzgado número 6 de Sevilla acaba de ordenar su ingreso inmediato en prisión. El auto otorga un plazo de diez días para que la mujer escoja una cárcel en la que cumplir los nueve meses de condena que le impusieron en 2019 por “un delito continuado de desobediencia grave a la autoridad.

Salmerón fue víctima de violencia de género. Su maltratador fue condenado a 21 meses de prisión y alejamiento por golpearla, pero no llegó a cumplir esta condena ni hizo trabajos a la sociedad. La mujer cuenta lleva años defendiendo que lo único que pretendía era respetar la decisión de su hija de no querer ver a su padre y protegerla.

La hija de Salmerón ha explicado desde los 13 años que no quiere tener relación con su padre, algo que manifestó en varios autos judiciales.

La mujer ha defendido en declaraciones a ‘Público’ que la justicia se está ensañando con ella y le recuerda a “la Santa Inquisición, cuando se quemaba a las mujeres por ser mujeres”.

Si la justicia fuera igual para todos, esto no hubiese sido una condena, sino una sentencia absolutoria desde el inicio, desde la primera instancia”, asegura.

En el juicio sucedido en 2019, los jueces no tomaron en consideración las numerosas declaraciones de la hija de Salmerón negándose a ver a su padre ni las resoluciones de diversos juzgados respetando la decisión de la niña.

“Lo que sí tuvo en cuenta fue el testimonio de la pareja sentimental de mi exmarido“, explica Salmerón. Se trata de Inmaculada Ocaña, fundadora de la asociación Avilegén, negacionista de la violencia de género.

“Estos argumentos y estas pruebas son tan débiles que en para cualquier persona hubieran sido absolutorias. Porque no hay materia suficientemente fuerte como para condenar a una persona”, defiende la mujer.

Salmerón, auxiliar de enfermería en una residencia, teme que, de entrar en prisión, perdería su trabajo: “Y eso es lo que quiere mi maltratador. Él quiere acabar conmigo, me quiere hundir, me quiere matar. Y para ello tiene una herramienta invisible a la sociedad y es la justicia. La justicia le está sirviendo a él para macharme a mí y ellos están siendo sus cómplices en el maltrato”.



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