Vuelven los pleitos entre la ultraderecha por el poder

«La ilusión es fundamental para recuperar esos tres millones de votos que se nos han ido. Esas tres millones de personas desean que les demos una razón para volver a confiar en la que ha sido su casa. Desde este partido, tenemos que decir a esas personas que seguimos siendo su proyecto vital, que pueden volver a confiar.

Necesitamos volver a ser ese PP de los 11 millones de votos, que nos permita gobernar en solitario sin bisagras oportunistas, sin bisagras nacionalistas. Aquí cabe todo lo que esté a la derecha del PSOE». Con estas palabras arengó Pablo Casado al Partido Popular el 21 de julio de 2018, apenas unas horas antes de ser elegido presidente de los populares en el XIX Congreso, que le enfrentó a Soraya Sáenz de Santamaría.

Casado asumió entonces «la responsabilidad de reconstruir el centro derecha» y recuperar los votos perdidos hacia Vox y Ciudadanos, los dos rivales con los que el PP lucha por el mismo electorado y que, paradójicamente, son también sus socios de gobierno en comunidades autónomas y ayuntamientos.

Pero dos años después de esas promesas, el presidente de los populares sigue sin lograr esa ansiada «reconstrucción» de la derecha, que se mantiene dividida en tres. Si bien las encuestas auguran un crecimiento de la intención de voto del PP –la última elaborada por Celeste-tel para elDiario.es da a los populares 100 escaños, 12 más que los logrados en las generales–, la subida sigue sin ser suficiente para situar el proyecto de Casado como una alternativa real de gobierno al Ejecutivo progresista de PSOE y Unidas Podemos, incluso sumando a las formaciones de Santiago Abascal e Inés Arrimadas.

«Cuando el centro derecha se une en torno al Partido Popular, es capaz de derrotar a la suma del socialismo, el populismo y el nacionalismo», insistía Casado el pasado 15 de julio en el Comité Ejecutivo Nacional, después del enésimo batacazo en las urnas que supuso para su proyecto político el fracaso de la coalición PP+Cs en Euskadi y el triunfo de Alberto Núñez Feijóo, el barón más crítico con la deriva derechista de Casado, en Galicia. «La gran tarea política pendiente es la más difícil, que no es romper para quedarte con un pedazo, sino recomponer lo que se ha roto. Es la de crear una gran corriente de opinión nacional dispuesta a resolver con claridad los dilemas que una vez más tiene delante», remarcaba el líder del PP.

La lucha por la hegemonía de la derecha
La realidad, sin embargo, sigue alejando esa opción de la unión de la derecha con la que sueña Casado y que se vislumbró por primera vez en la famosa foto de Colón de febrero de 2019 en la que coincidieron los líderes de PP, Vox y Ciudadanos –entonces en manos de Albert Rivera–. Ahora, los tres partidos tienen agendas y estrategias diferentes y, más que una acción unitaria, lo que buscan realmente es la hegemonía del mismo espacio político conservador.

En busca de ese liderazgo, Casado se ha pasado los dos últimos años dando bandazos entre el giro a la derecha que emprendió nada más ganar las primarias y puntuales intentos por recuperar el centro, principalmente por la presión de los barones del partido y tras los sucesivos batacazos electorales en las generales del 28A y el 10N de 2019, las municipales y autonómicas del año pasado y, ahora, ante lo sucedido en Euskadi y Galicia.

Vox trata de mantener un discurso propio, aún más extremista, marcando claramente las distancias con el PP. A ese plan responde la decisión de presentar una moción de censura contra el Gobierno, justificada en la gestión de la pandemia realizada desde la Moncloa, y que pondrá en marcha en septiembre, coincidiendo con el inicio del nuevo curso político. La dirección de Casado ya ha dicho que no apoyará esa moción, que no tiene opciones de salir adelante, pero el PP ha visto trastocada su estrategia de cara al próximo mes en el que, previsiblemente, todo el foco mediático estará centrado en la iniciativa de la extrema derecha.

Ciudadanos, en cambio, se ha movido hacia posiciones proclives al acuerdo con el Gobierno, tratando de robar al PP votos por el centro. Este giro, unido al fracaso del experimento de PP+Cs en Euskadi, han alejado la posibilidad de la creación de España Suma, la unión de las derechas soñada por Casado, que no logró fructificar antes de las generales del 10N y que se ve más difícil a medida que pasa el tiempo. De hecho, en el propio PP se descarta una lista conjunta para los comicios catalanes previstos para otoño y a los que el presidente de la Generalitat catalana, Quim Torra, sigue sin poner fecha.

En junio, Arrimadas puso fin al cordón sanitario que habían impuesto las tres derechas al Ejecutivo de Pedro Sánchez. Ciudadanos, que gobierna en coalición con el PP en la Comunidad de Madrid, Andalucía, Murcia y Castilla y León, acordó con PSOE y Unidas Podemos su apoyo a las dos últimas prórrogas del estado de alarma, así como al decreto de nueva normalidad, que finalmente también apoyó el PP. Además, el partido de Arrimadas pactó con el Gobierno su apoyo a tres de los cuatro dictámenes de la Comisión para la Reconstrucción. A todo esto se unen las malas relaciones que mantienen ambos partidos en su gobierno conjunto de la Comunidad de Madrid, que se han evidenciado durante la gestión de la pandemia.

Génova 13 cree que el PP vive «un buen momento»
Pese al escenario desfavorable para unir en el PP a las tres derechas como pretende Casado, la lectura que se realiza desde la dirección del partido sobre los dos años que han transcurrido desde las primarias no puede ser más positiva. Pese a que con Casado el PP obtuvo el peor resultado de su historia en unas generales –obteniendo solo 66 escaños en los comicios del 28 de abril de 2019– y el segundo más negativo de toda su existencia –en las generales del 10 de noviembre logró 89 diputados–, la dirección del partido considera que los populares viven «un buen momento».



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