¡Hipócrita, matón! Pablo Iglesias recibió dosis de insultos en la calle

Los límites de la libertad de expresión son algo difuso que se ha convertido en un debate primordial durante la crisis del coronavirus. Pero hay casos en los que no hay justificación alguna. Es el caso de este hombre que se encontró en plena calle con el vicepresidente del Gobierno y líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. “Hipócrita”, comenzó a llamarle, pero ante la pasividad de Iglesias, el ciudadano se fue calentando poco a poco y acabó por insultarle delante de todo el que pasara por la acera. Y cuando se dio cuenta de que estaba elevando el tono, comenzó a decirse a sí mismo y a todo aquel que se cruzara con él que sus comentarios estaban amparados dentro de la libertad de expresión.

El Gobierno ha declarado la guerra a los bulos. Hay un límite entre la libertad de expresión y el hecho de mentir directamente. Y no hablemos de insultar. La crisis del coronavirus ha tensado la cuerda hasta tal punto que los nervios de algunos están a flor de piel. Es el caso de este hombre que pilló a Iglesias en plena calle, rodeado de sus escoltas, y no pudo evitar insultarle con todo el odio que cargaba. “¡Hipócrita! ¡Macarra!”, le grita en una calle de Madrid.

Como ve que el vicepresidente y líder de Unidas Podemos le ignora mientras se pone la chaqueta, el hombre se enciende aún más y eleva el tono. “¡Matón!”, le grita más de una vez. “¡Chorizo!”, le dice, aunque su palabra favorita parece ser la de macarra. Hasta que al final no puede más y cae en los insultos más estereotipado. “¡Coleta de mierda!”, dice ante las risas de los que rodean al líder de Unidas Podemos.

Cuando ve que ha llamado la atención más de la cuenta, el hombre intenta aclarar que sus insultos están amparados dentro de la libertad de expresión. “Libertad de expresión, coleta de mierda”, le dice pensando que lo que está haciendo tiene sentido. Una actuación deplorable que Iglesias, como no puede ser de otra manera, ha respondido a través de la ignorancia y de no darle mayor importancia.

El vicepresidente del Gobierno no tiene ni un minuto de tranquilidad. Tan pronto sale a la calle, cualquiera que le vea paseando tira de la cámara del móvil para grabarle. Y si no hace nada que llame la atención, como el caso en el que le pillaron en supermercado sin mascarilla ni guantes, le insultan y le gritan. No es la primera vez que el vicepresidente tiene que aguantar a personas que le increpan en plena calle



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